En pleno corazón de la Ciudad de Mendoza existe una plaza que no se entiende solamente mirando su monumento. Hay que leerla completa: en sus árboles, en sus senderos, en sus jardines, en sus placas, en las sombras que la cruzan y en ese diálogo silencioso entre historia, arquitectura y naturaleza. La Plaza San Martín no es apenas un lugar de paso. Es un museo vivo al aire libre. Un espacio donde Mendoza guarda parte de su identidad más profunda: la ciudad reconstruida después del terremoto de 1861, la memoria del Libertador, el orgullo sanmartiniano, la cultura del arbolado urbano y esa obsesión mendocina por transformar el desierto en oasis. Su origen se remonta a la Ciudad Nueva, planificada en 1863 por el agrimensor Julio Balloffet, dentro de un trazado de 64 manzanas y cinco plazas: una central, la Plaza Independencia, y cuatro plazas equidistantes pensadas también como espacios de resguardo ante posibles catástrofes. Aquella decisión urbana marcó para siempre el rostro de Mendoza: calles amplias, plazas estratégicas, acequias, árboles y espacios abiertos como parte de una ciudad que debía volver a nacer. Antes de llamarse San Martín, este sitio fue conocido como Plaza Cobo, en homenaje a Juan Francisco Cobo, recordado por haber introducido el álamo en Mendoza. Ese árbol, de crecimiento rápido y madera versátil, terminó siendo mucho más que una especie forestal: ayudó a cambiar la construcción, el paisaje y hasta la vida cotidiana de la provincia. En una tierra árida, plantar árboles no era decoración: era futuro. Con el tiempo, la plaza también fue llamada popularmente “Plaza del Reloj”, porque en 1883 se levantó allí una torre con reloj de cuatro esferas. Aquella estructura marcaba el ritmo de una Mendoza que crecía entre bancos, comercios, instituciones y vida cívica. Pero en 1903 la torre fue demolida para dejar lugar a una obra mayor: el monumento ecuestre al General José de San Martín. El 5 de junio de 1904, durante la gobernación de Elías Villanueva, Mendoza inauguró oficialmente la plaza con su gran homenaje al Libertador. La escultura, realizada en bronce por José F. García, muestra a San Martín montado a caballo y señalando hacia el oeste, hacia la Cordillera de los Andes, el horizonte de la gesta libertadora. Es una réplica de la obra original de José Luis Daumas ubicada en Buenos Aires. Aquel día, según testimonios patrimoniales citados por Los Andes, una multitud de más de 10.000 personas se reunió para rendir homenaje al Padre de la Patria. Pero el monumento también guarda secretos materiales. Su basamento fue construido con grandes bloques de granito traídos desde el Valle de Uspallata y trasladados por el Ferrocarril Trasandino. La obra estuvo a cargo del ingeniero Jacinto Anzorena. Incluso los pilares que sostienen las cadenas alrededor del monumento fueron realizados con cuerpos de cañones de hierro fundido, donados por el Ejército de la Nación. Es decir: piedra andina, memoria militar y símbolo patriótico reunidos en un mismo conjunto. A los pies del Libertador, el verde también habla. El diseño vegetal que rodea el monumento no es un simple adorno. Allí conviven plantas, formas y símbolos que dialogan con la figura de San Martín. El boj, tradicionalmente asociado a la permanencia y a la inmortalidad, aparece como una presencia solemne. La llamada estrella federal, formada por vegetación ornamental, puede leerse como una alusión a la unidad nacional después de los años de divisiones internas. En esa combinación de piedra, bronce, agua y plantas, la plaza construye un mensaje silencioso: la patria también se recuerda desde la tierra. Otro de sus tesoros es el pino de San Lorenzo, plantado en 1925 a partir de un hijuelo vinculado al histórico árbol del convento de San Lorenzo, en Santa Fe, bajo cuya sombra la tradición ubica a San Martín redactando el parte de la victoria del combate de 1813. Así, Mendoza incorporó a su plaza una reliquia vegetal: no solo un árbol, sino una memoria viva de la independencia. La forestación de la plaza también revela una Mendoza abierta al mundo. Plátanos, moreras, palmeras, arbustos, especies ornamentales y árboles exóticos fueron formando un paisaje urbano inspirado en modelos europeos y adaptado al clima local gracias al sistema de riego. No es casualidad: en Mendoza, el arbolado público es parte esencial de la identidad. Investigadores del CONICET destacan que los árboles dan sombra, refrescan el aire, atenúan vientos, reducen ruidos, retienen partículas y están profundamente asociados a las acequias que los riegan, un legado vinculado a la cultura hídrica huarpe. Entre sus curiosidades botánicas aparece también el algarrobo europeo, la Ceratonia siliqua. Sus semillas están ligadas a una historia sorprendente: de ellas deriva la palabra “quilate”, usada para pesar piedras preciosas. Aunque muchas veces se dice que cada semilla pesa exactamente 0,2 gramos, los estudios modernos aclaran que ese peso no es perfecto ni idéntico en todos los casos; lo que sí quedó fijado es el quilate métrico moderno como 200 miligramos. La Plaza San Martín también dialoga con su entorno arquitectónico. Frente a ella se alzan edificios históricos y religiosos que completan su fuerza simbólica. La Basílica de San Francisco, por ejemplo, se vincula directamente con la memoria sanmartiniana: allí descansan los restos de Merceditas, la hija del Libertador, junto a Mariano Balcarce y María Mercedes. Además, conserva la imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo, declarada por San Martín Patrona y Generala del Ejército de los Andes. Con el paso del tiempo, la plaza fue cambiando. Conservó su memoria original, pero también se adaptó a nuevas épocas. En 1970 se inauguraron obras con desniveles, escalones y jardines asimétricos. En 2018 fue remodelada y reinaugurada con mejoras de accesibilidad, iluminación moderna, conexión urbana y puesta en valor de sus sectores históricos, manteniendo como ejes el monumento central, el pino de San Lorenzo y sus espacios ceremoniales. Por eso, caminar por la Plaza San Martín no es simplemente atravesar una manzana verde del centro mendocino. Es recorrer más de 160 años de historia urbana. Es recordar la Mendoza que se levantó de las ruinas. Es ver cómo una plaza pasó de llamarse Cobo, a ser Plaza del Reloj, hasta convertirse en uno de los grandes altares cívicos del Libertador. Cada árbol, cada cantero, cada piedra y cada sombra cuentan algo. Hablan de la ciudad que eligió plantar vida donde había aridez. De una provincia que hizo del agua una cultura. De una sociedad que convirtió sus plazas en refugio, identidad y memoria. La Plaza San Martín no es solo un espacio público. Es una síntesis de Mendoza: historia, patria, arquitectura, acequias, árboles y símbolo. Un rincón donde el pasado sigue respirando bajo la sombra de sus jardines. #PlazaSanMartinMendoza, #MendozaAntigua, #MendozAntigua, #HistoriaDeMendoza, #CiudadDeMendoza, #SanMartin, #GeneralSanMartin, #PatrimonioMendocino, #MendozaHistorica, #PlazasDeMendoza, #ArboladoUrbano, #AcequiasDeMendoza, #OasisMendocino, #CulturaMendocina, #MemoriaHistorica, #TurismoMendoza, #ArgentinaHistorica, #MendozaHistory, #HistoricMendoza, #SanMartinSquare, #UrbanHeritage, #UrbanForest, #HeritageTrees, #ArgentineHistory, #CulturalHeritage, #MendozaCity, #HistoricalPlaces, #LivingHistory
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sábado, 20 de junio de 2026
La plaza donde Mendoza convirtió el desierto en memoria: los secretos verdes de la Plaza San Martín
En pleno corazón de la Ciudad de Mendoza existe una plaza que no se entiende solamente mirando su monumento. Hay que leerla completa: en sus árboles, en sus senderos, en sus jardines, en sus placas, en las sombras que la cruzan y en ese diálogo silencioso entre historia, arquitectura y naturaleza. La Plaza San Martín no es apenas un lugar de paso. Es un museo vivo al aire libre. Un espacio donde Mendoza guarda parte de su identidad más profunda: la ciudad reconstruida después del terremoto de 1861, la memoria del Libertador, el orgullo sanmartiniano, la cultura del arbolado urbano y esa obsesión mendocina por transformar el desierto en oasis. Su origen se remonta a la Ciudad Nueva, planificada en 1863 por el agrimensor Julio Balloffet, dentro de un trazado de 64 manzanas y cinco plazas: una central, la Plaza Independencia, y cuatro plazas equidistantes pensadas también como espacios de resguardo ante posibles catástrofes. Aquella decisión urbana marcó para siempre el rostro de Mendoza: calles amplias, plazas estratégicas, acequias, árboles y espacios abiertos como parte de una ciudad que debía volver a nacer. Antes de llamarse San Martín, este sitio fue conocido como Plaza Cobo, en homenaje a Juan Francisco Cobo, recordado por haber introducido el álamo en Mendoza. Ese árbol, de crecimiento rápido y madera versátil, terminó siendo mucho más que una especie forestal: ayudó a cambiar la construcción, el paisaje y hasta la vida cotidiana de la provincia. En una tierra árida, plantar árboles no era decoración: era futuro. Con el tiempo, la plaza también fue llamada popularmente “Plaza del Reloj”, porque en 1883 se levantó allí una torre con reloj de cuatro esferas. Aquella estructura marcaba el ritmo de una Mendoza que crecía entre bancos, comercios, instituciones y vida cívica. Pero en 1903 la torre fue demolida para dejar lugar a una obra mayor: el monumento ecuestre al General José de San Martín. El 5 de junio de 1904, durante la gobernación de Elías Villanueva, Mendoza inauguró oficialmente la plaza con su gran homenaje al Libertador. La escultura, realizada en bronce por José F. García, muestra a San Martín montado a caballo y señalando hacia el oeste, hacia la Cordillera de los Andes, el horizonte de la gesta libertadora. Es una réplica de la obra original de José Luis Daumas ubicada en Buenos Aires. Aquel día, según testimonios patrimoniales citados por Los Andes, una multitud de más de 10.000 personas se reunió para rendir homenaje al Padre de la Patria. Pero el monumento también guarda secretos materiales. Su basamento fue construido con grandes bloques de granito traídos desde el Valle de Uspallata y trasladados por el Ferrocarril Trasandino. La obra estuvo a cargo del ingeniero Jacinto Anzorena. Incluso los pilares que sostienen las cadenas alrededor del monumento fueron realizados con cuerpos de cañones de hierro fundido, donados por el Ejército de la Nación. Es decir: piedra andina, memoria militar y símbolo patriótico reunidos en un mismo conjunto. A los pies del Libertador, el verde también habla. El diseño vegetal que rodea el monumento no es un simple adorno. Allí conviven plantas, formas y símbolos que dialogan con la figura de San Martín. El boj, tradicionalmente asociado a la permanencia y a la inmortalidad, aparece como una presencia solemne. La llamada estrella federal, formada por vegetación ornamental, puede leerse como una alusión a la unidad nacional después de los años de divisiones internas. En esa combinación de piedra, bronce, agua y plantas, la plaza construye un mensaje silencioso: la patria también se recuerda desde la tierra. Otro de sus tesoros es el pino de San Lorenzo, plantado en 1925 a partir de un hijuelo vinculado al histórico árbol del convento de San Lorenzo, en Santa Fe, bajo cuya sombra la tradición ubica a San Martín redactando el parte de la victoria del combate de 1813. Así, Mendoza incorporó a su plaza una reliquia vegetal: no solo un árbol, sino una memoria viva de la independencia. La forestación de la plaza también revela una Mendoza abierta al mundo. Plátanos, moreras, palmeras, arbustos, especies ornamentales y árboles exóticos fueron formando un paisaje urbano inspirado en modelos europeos y adaptado al clima local gracias al sistema de riego. No es casualidad: en Mendoza, el arbolado público es parte esencial de la identidad. Investigadores del CONICET destacan que los árboles dan sombra, refrescan el aire, atenúan vientos, reducen ruidos, retienen partículas y están profundamente asociados a las acequias que los riegan, un legado vinculado a la cultura hídrica huarpe. Entre sus curiosidades botánicas aparece también el algarrobo europeo, la Ceratonia siliqua. Sus semillas están ligadas a una historia sorprendente: de ellas deriva la palabra “quilate”, usada para pesar piedras preciosas. Aunque muchas veces se dice que cada semilla pesa exactamente 0,2 gramos, los estudios modernos aclaran que ese peso no es perfecto ni idéntico en todos los casos; lo que sí quedó fijado es el quilate métrico moderno como 200 miligramos. La Plaza San Martín también dialoga con su entorno arquitectónico. Frente a ella se alzan edificios históricos y religiosos que completan su fuerza simbólica. La Basílica de San Francisco, por ejemplo, se vincula directamente con la memoria sanmartiniana: allí descansan los restos de Merceditas, la hija del Libertador, junto a Mariano Balcarce y María Mercedes. Además, conserva la imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo, declarada por San Martín Patrona y Generala del Ejército de los Andes. Con el paso del tiempo, la plaza fue cambiando. Conservó su memoria original, pero también se adaptó a nuevas épocas. En 1970 se inauguraron obras con desniveles, escalones y jardines asimétricos. En 2018 fue remodelada y reinaugurada con mejoras de accesibilidad, iluminación moderna, conexión urbana y puesta en valor de sus sectores históricos, manteniendo como ejes el monumento central, el pino de San Lorenzo y sus espacios ceremoniales. Por eso, caminar por la Plaza San Martín no es simplemente atravesar una manzana verde del centro mendocino. Es recorrer más de 160 años de historia urbana. Es recordar la Mendoza que se levantó de las ruinas. Es ver cómo una plaza pasó de llamarse Cobo, a ser Plaza del Reloj, hasta convertirse en uno de los grandes altares cívicos del Libertador. Cada árbol, cada cantero, cada piedra y cada sombra cuentan algo. Hablan de la ciudad que eligió plantar vida donde había aridez. De una provincia que hizo del agua una cultura. De una sociedad que convirtió sus plazas en refugio, identidad y memoria. La Plaza San Martín no es solo un espacio público. Es una síntesis de Mendoza: historia, patria, arquitectura, acequias, árboles y símbolo. Un rincón donde el pasado sigue respirando bajo la sombra de sus jardines. #PlazaSanMartinMendoza, #MendozaAntigua, #MendozAntigua, #HistoriaDeMendoza, #CiudadDeMendoza, #SanMartin, #GeneralSanMartin, #PatrimonioMendocino, #MendozaHistorica, #PlazasDeMendoza, #ArboladoUrbano, #AcequiasDeMendoza, #OasisMendocino, #CulturaMendocina, #MemoriaHistorica, #TurismoMendoza, #ArgentinaHistorica, #MendozaHistory, #HistoricMendoza, #SanMartinSquare, #UrbanHeritage, #UrbanForest, #HeritageTrees, #ArgentineHistory, #CulturalHeritage, #MendozaCity, #HistoricalPlaces, #LivingHistory
EL TREN QUE CAMBIÓ EL DESTINO DEL VINO: CUANDO MENDOZA SE SUBIÓ A LOS RIELES DE LA HISTORIA
Hubo un tiempo en que Mendoza producía vino, pero todavía no tenía el camino suficiente para conquistar el país. Las bodegas, los viñedos, los carros, las mulas, las acequias y el esfuerzo de miles de trabajadores formaban parte de una economía que miraba hacia el futuro, pero que necesitaba una fuerza capaz de romper las distancias. Esa fuerza llegó sobre rieles. El ferrocarril no fue solamente un medio de transporte. Fue una revolución silenciosa. Allí donde antes el traslado dependía de la tracción a sangre, de caminos difíciles y de viajes largos, el tren abrió una nueva etapa: permitió mover grandes volúmenes, conectar regiones, abaratar tiempos, ordenar mercados y transformar la producción. En la Argentina de fines del siglo XIX, los rieles no solo llevaron pasajeros: llevaron trigo, ganado, azúcar, vino, inmigrantes, maquinaria, ideas y modernidad. En Mendoza, su impacto fue decisivo. La llegada del ferrocarril en 1885 marcó el comienzo de una transformación profunda. La provincia, ubicada al pie de la Cordillera y sostenida por sus oasis de riego, empezó a integrarse con mayor fuerza al mercado nacional. El vino mendocino dejó de ser solamente una producción regional para proyectarse hacia los grandes centros de consumo, especialmente Buenos Aires y Rosario. La vitivinicultura moderna no nació de un solo factor. Fue el resultado de una combinación poderosa: inmigración europea, nuevas técnicas agrícolas, inversión bodeguera, expansión del viñedo, transformación industrial, protección estatal, crecimiento urbano y, sobre todo, transporte ferroviario. Sin el tren, la expansión del vino mendocino habría tenido límites mucho más estrechos. Por eso, estudiar el ferrocarril es estudiar el corazón económico de una época. En distintas partes del mundo, los historiadores han demostrado que los rieles cambiaron la forma de producir, vender y ocupar el territorio. En España, las regiones vitivinícolas encontraron en el tren una herramienta para llevar sus vinos a mercados que antes parecían lejanos. En México, la expansión ferroviaria mostró la fuerte relación entre el Estado, las empresas privadas y los centros productivos. En Bolivia, los ferrocarriles vinculados a la minería revelaron cómo las élites buscaron nuevos mercados, aunque muchas veces los beneficios quedaron en manos extranjeras. Mendoza vivió su propia versión de esa historia. Aquí, el ferrocarril se convirtió en un verdadero organizador del espacio productivo. No solo unía ciudades: también acercaba bodegas, estaciones, depósitos, viñedos y mercados. Los desvíos ferroviarios fueron una pieza clave de ese engranaje. Esos ramales secundarios, muchas veces tendidos hacia establecimientos bodegueros, permitieron que el vino pasara de la bodega al vagón con mayor rapidez y eficiencia. La imagen es poderosa: la uva llegaba en carro, el vino salía en vagones. De los viñedos al tonel, del tonel al tren, del tren a los grandes mercados. Cada estación se transformaba en una puerta de salida. Cada desvío ferroviario podía significar ahorro, velocidad y competitividad. Cada bodega conectada a los rieles ganaba una ventaja en una economía cada vez más exigente. Pero el tren también mostró las tensiones de la modernidad. El progreso no fue puro ni perfecto. Las tarifas, los monopolios, la administración extranjera de muchas líneas y la dependencia de los grandes centros consumidores también condicionaron a los productores mendocinos. El ferrocarril abría puertas, pero también podía marcar límites. Permitía crecer, pero obligaba a competir. Acercaba mercados, pero también exponía a crisis de precios, especulación y dependencia comercial. Aun así, su papel fue monumental. Sin los rieles, la Mendoza vitivinícola no habría crecido con la misma fuerza ni con la misma velocidad. El ferrocarril ayudó a dibujar una nueva geografía: bodegas cerca de estaciones, pueblos alrededor de vías, trabajadores moviéndose hacia zonas productivas, maquinaria entrando a los establecimientos y vino saliendo hacia el resto del país. La historia ferroviaria mendocina no es solo una historia de locomotoras. Es una historia de transformación económica, de empresarios bodegueros, de obreros, de viñateros, de estaciones cargadas de movimiento, de toneles, bordelesas, humo, silbatos y esfuerzo colectivo. Es la historia de una provincia que encontró en el tren una herramienta para dejar atrás una economía más cerrada y entrar de lleno en la era de la agroindustria moderna. Los estudios internacionales permiten comparar esa experiencia con otros territorios. España, México y Bolivia muestran que el ferrocarril fue mucho más que infraestructura: fue poder, mercado, política y territorio. Mendoza, con su vino, sus bodegas y sus desvíos ferroviarios, forma parte de esa gran historia mundial del transporte y la producción. Cada vía tendida fue una promesa de futuro. Cada estación, un punto de encuentro entre el campo y la ciudad. Cada vagón cargado de vino, una señal de que Mendoza ya no estaba aislada. El tren llevó la producción mendocina más allá de sus montañas, pero también trajo una nueva forma de pensar la economía, el espacio y el progreso. Por eso, cuando hablamos del ferrocarril en Mendoza, hablamos de mucho más que rieles. Hablamos del momento en que la provincia empezó a moverse a otra velocidad. Hablamos del instante en que el vino encontró su camino hacia el país. Hablamos de una Mendoza que dejó de mirar el mercado desde lejos y comenzó a conquistarlo vagón por vagón. El ferrocarril no solo transportó vino: transportó el destino moderno de Mendoza. #MendozAntigua #Ferrocarril #FerrocarrilMendoza #FerrocarrilAndino #HistoriaFerroviaria #MendozaHistorica #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #VinoMendocino #BodegasMendocinas #DesviosFerroviarios #UvaEnCarroVinoEnVagones #IndustriaDelVino #PatrimonioFerroviario #Mendoza #Cuyo #ArgentinaHistorica #EconomiaRegional #Bodegas #Viñedos #HistoriaArgentina #PatrimonioMendocino #RailwayHistory #MendozaHistory #ArgentineHistory #WineHistory #RailroadHistory #WineIndustry #CulturalHeritage #HistoricMendoza
jueves, 18 de junio de 2026
HUMILITAS: SAN CARLOS BORROMEO, EL PATRONO QUE HIZO DE LA FE UN ACTO DE SERVICIO. SAN CARLOS - MENDOZA
Cada 4 de noviembre, la comunidad vuelve a mirar con gratitud y devoción a su Santo Patrono: San Carlos Borromeo, una figura inmensa de la historia de la Iglesia, recordada por su humildad, su firmeza espiritual, su amor por los pobres y su entrega total al pueblo de Dios. San Carlos Borromeo nació el 2 de octubre de 1538 en Arona, en el norte de Italia, dentro de una familia noble e influyente. Sin embargo, su vida no quedó marcada por el lujo ni por los privilegios, sino por una vocación profunda de servicio. Estudió derecho en la Universidad de Pavía y, siendo muy joven, alcanzó una formación brillante que lo llevaría a ocupar responsabilidades decisivas dentro de la Iglesia. Fue cardenal, arzobispo de Milán y uno de los grandes protagonistas de la renovación católica posterior al Concilio de Trento. Su misión no fue cómoda ni sencilla: trabajó por una Iglesia más formada, más cercana, más disciplinada y más comprometida con la vida espiritual del pueblo. Impulsó seminarios, promovió la catequesis, fortaleció la formación de sacerdotes y defendió una fe vivida con coherencia, oración y caridad. Su lema episcopal fue “Humilitas”, una palabra que resume su vida entera: humildad. Pero no una humildad pasiva, sino una humildad fuerte, activa, comprometida. San Carlos entendió que el verdadero pastor no se aleja del dolor de su gente: camina con ella, la consuela, la guía y la sostiene. Ese espíritu se hizo heroico durante la peste de Milán, entre 1576 y 1577. Mientras muchos escapaban del contagio y del miedo, él permaneció junto a su pueblo. Visitó enfermos, organizó ayuda espiritual y material, socorrió a los más necesitados y gastó sus bienes para aliviar el sufrimiento de quienes no tenían nada. Allí quedó grabada para siempre la imagen de un santo que no predicó la caridad desde lejos: la vivió en carne propia. Murió joven, en noviembre de 1584, a los 46 años, dejando una huella espiritual enorme. Fue canonizado en 1610 y su memoria sigue viva en todo el mundo católico como símbolo de entrega, reforma, oración, humildad y amor al prójimo. Hoy, en la Capilla San Carlos Borromeo, su presencia se vuelve cercana y familiar. El campanario que llama a la comunidad, el altar, el crucifijo, los vitrales, la imagen del santo, los bancos de oración y la estatua exterior nos recuerdan que la fe también se construye en los lugares simples, en los gestos cotidianos y en la unión de los vecinos. Cada 4 de noviembre no recordamos solamente una fecha religiosa. Celebramos una herencia espiritual. Celebramos a un patrono que enseñó que la grandeza verdadera no está en mandar, sino en servir; no está en recibir honores, sino en acompañar; no está en alejarse del dolor, sino en acercarse al que sufre. Que San Carlos Borromeo siga inspirando a todos los fieles con su ejemplo de humildad, fortaleza, oración y servicio. Que su lema, Humilitas, siga iluminando el camino de quienes creen que la fe se demuestra con obras, con amor y con entrega verdadera. San Carlos Borromeo, Santo Patrono: ejemplo de fe, humildad y caridad cristiana. #SanCarlosBorromeo #SantoPatrono #Humilitas #CapillaSanCarlosBorromeo #PadreNicoCeballos #FeYServicio #CaridadCristiana #PeregrinosDeEsperanza #HistoriaDeLaIglesia #ComunidadDeFe #Mendoza #MendozAntigua #CatholicHistory #SaintCharlesBorromeo #ChristianFaith #Humility #Charity #CatholicSaints #FaithAndService #ChurchHistory
MENDOZA 1861: LA CIUDAD QUE MURIÓ BAJO LOS ESCOMBROS Y VOLVIÓ A LEVANTARSE MÁS FUERTE (Imagen Ilustrativa)
El 20 de marzo de 1861, Mendoza vivió una de las noches más trágicas de toda la historia argentina. A las 20:36, la tierra se quebró con una violencia devastadora. En apenas minutos, aquella ciudad colonial de adobe, templos, acequias, patios y campanas quedó reducida a ruinas. La vieja Mendoza, levantada sobre su corazón fundacional, fue golpeada por un terremoto feroz. Casas, iglesias, edificios públicos y calles enteras desaparecieron entre polvo, fuego y oscuridad. Miles de personas murieron bajo los escombros. El desastre fue tan profundo que la ciudad no solo perdió habitantes, sino también una parte enorme de su memoria material. Según registros históricos del INPRES, aquel sismo alcanzó intensidad IX en la escala Mercalli y fue el terremoto porcentualmente más destructivo de la historia argentina: cerca de un tercio de la población mendocina perdió la vida. No fue solamente una catástrofe natural. Fue una herida abierta en el alma de una provincia. Pero Mendoza no se rindió. De aquella ciudad destruida nació una nueva idea urbana. La tragedia obligó a pensar una capital distinta, más amplia, más ordenada y preparada para convivir con la fuerza imprevisible de la tierra. En 1863, siguiendo el plan del agrimensor Julio Balloffet, comenzó a tomar forma la Mendoza moderna: un nuevo damero de 64 manzanas, trazado hacia el sudoeste del antiguo asentamiento colonial. En el centro de ese nuevo diseño apareció la actual Plaza Independencia, concebida como gran corazón cívico y espacio abierto. A su alrededor, otras cuatro plazas —España, Chile, San Martín e Italia— completaron una estructura urbana singular para el siglo XIX. No eran simples adornos verdes: eran pulmones, refugios y símbolos de una ciudad que había aprendido, desde el dolor, a pensar su futuro. La Mendoza posterior al terremoto ya no sería la misma. La ciudad colonial quedó en parte enterrada bajo el Área Fundacional, mientras el “Pueblo Nuevo” comenzó a levantar edificios, calles, instituciones y esperanzas. Allí donde hubo escombros, nació una capital con identidad propia. Allí donde hubo muerte, apareció una voluntad colectiva de reconstrucción. Por eso, 1861 no marca solamente una tragedia. Marca una segunda fundación. Mendoza fue destruida, pero no vencida. Tembló la tierra, cayeron los muros, se apagaron miles de vidas… pero quedó en pie algo imposible de derrumbar: la fuerza de su gente. Desde entonces, terremotos, aluviones y crisis fueron moldeando una convicción profunda en los mendocinos: la ciudad puede sufrir, puede caer, puede perderlo todo… pero siempre vuelve a levantarse. Mendoza no nació una sola vez. Mendoza también renació entre ruinas. #Mendoza #MendozAntigua #TerremotoDeMendoza #Mendoza1861 #HistoriaDeMendoza #CiudadDeMendoza #AreaFundacional #PlazaIndependencia #HistoriaArgentina #ArgentinaAntigua #MemoriaUrbana #PatrimonioMendocino #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricMendoza #EarthquakeHistory #UrbanHistory #CulturalHeritage #OldArgentina
miércoles, 17 de junio de 2026
MENDOZA ENTRE DOS MUNDOS: LA CIUDAD QUE MIRÓ AL PACÍFICO Y TERMINÓ FORJANDO LA LIBERTAD (Imagen Ilustrativa del Texto)
1561–1853 | Entre virreinatos, cordillera, barro y patria
Antes de convertirse en la Mendoza arbolada, moderna y abierta al mundo que conocemos hoy, la ciudad fue un pequeño oasis colonial levantado entre el agua, el adobe, la tierra seca y la inmensidad de la cordillera. Mendoza nació en 1561, cuando Pedro del Castillo fundó la ciudad en el valle de Huentata con el nombre de Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja. Pero durante más de dos siglos su historia no miró hacia Buenos Aires, sino hacia el oeste. Desde su origen y hasta 1776, Cuyo perteneció administrativamente a la Capitanía General de Chile, como parte de aquel mundo colonial conectado por los pasos cordilleranos, el comercio, las arrierías y la cultura del Pacífico. Esa antigua pertenencia explica mucho de la identidad mendocina: su vocación andina, su mirada hacia Chile, su espíritu de frontera, su economía vinculada al cruce de la montaña y esa sensación permanente de ser una puerta entre dos mundos. La Mendoza colonial era muy distinta a la ciudad actual. No había grandes avenidas forestadas ni veredas amplias ni túneles de plátanos. Era una ciudad blanca, baja y austera, construida en adobe, barro y caña, con casas de una sola planta, techos planos y patios interiores donde crecían frutales, parrales y algunos árboles protegidos del polvo y del sol. Las calles eran angostas, de tierra, casi sin veredas, y la vida transcurría con ritmo lento, entre acequias, solares, iglesias, pulperías, carretas y familias que resistían en un territorio árido, moldeado por el agua. En 1776, con la creación del Virreinato del Río de la Plata, Mendoza dejó de depender de Chile y pasó a integrarse al nuevo orden político rioplatense. Pero su memoria profunda siguió siendo cordillerana. Mendoza ya era una ciudad con alma propia: ni completamente atlántica, ni totalmente pacífica, sino cuyana, andina y fronteriza. Todo cambió de manera decisiva en 1814, cuando José de San Martín fue nombrado Gobernador Intendente de Cuyo. Su llegada sacudió la calma provinciana. Mendoza dejó de ser solo una ciudad de paso y se transformó en el gran taller de la libertad americana. Desde aquí, San Martín organizó recursos, hombres, armas, mulas, uniformes, pólvora, alimentos y voluntades. El pueblo cuyano entregó trabajo, bienes, sacrificio y esperanza para preparar una de las campañas militares más extraordinarias de la historia: el Cruce de los Andes. En 1816 se creó oficialmente el Ejército de los Andes, y en enero de 1817 comenzó la epopeya libertadora. Desde Mendoza partió una fuerza destinada a cambiar el destino de Chile, Perú y América del Sur. Aquella ciudad de barro, acequias y calles polvorientas se convirtió en una capital estratégica de la independencia. Pero después de la gloria también llegaron años duros. Las guerras civiles, los conflictos entre unitarios y federales, las tensiones políticas y la lenta construcción del país marcaron a Mendoza durante décadas. Recién con la sanción de la Constitución Nacional de 1853 y el inicio de la Organización Nacional, la provincia comenzó a mirar hacia una nueva etapa: integración, crecimiento, producción y futuro. Entre 1561 y 1853, Mendoza pasó de ser una aldea colonial vinculada a Chile a convertirse en una pieza fundamental de la historia argentina. Fue frontera, posta, oasis, cuartel, sacrificio y promesa. Fue una ciudad de adobe que miraba la cordillera y terminó entrando en la historia grande como cuna logística de la libertad sudamericana. Porque Mendoza no nació grande. Se hizo grande resistiendo. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Cuyo #SanMartin #EjercitoDeLosAndes #CruceDeLosAndes #ArgentinaHistorica #HistoriaArgentina #VirreinatoDelRioDeLaPlata #CapitaniaGeneralDeChile #CordilleraDeLosAndes #IndependenciaAmericana #PatrimonioMendocino #MendozaAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #SouthAmericanHistory #AndesHistory #SanMartinLegacy #ColonialHistory #HistoricMendoza
🔥 PAREDITAS: EL PUEBLO DONDE MENDOZA HUELE A HISTORIA, ADOBE Y ORÉGANO
En el extremo sur del Valle de Uco, dentro del departamento de San Carlos, Pareditas no es solo un punto en el mapa: es una puerta abierta al sur mendocino. Allí, donde se cruzan caminos históricos como la Ruta Nacional 40 y la Ruta Nacional 143, el paisaje mezcla campos verdes, cielo inmenso, memoria rural y la silueta eterna de la cordillera. Su nombre nace de aquellas pequeñas paredes de adobe, adobones y pircas de piedra que antiguamente servían para cercar potreros y dividir propiedades. Esos restos todavía hablan de tiempos de frontera, de fuertes, de carretas, de hacienda rumbo a Chile y de familias que fueron levantando la vida sancarlina entre tierra, trabajo y perseverancia. Entre las memorias del Fuerte San Juan Nepomuceno, el Paso de las Carretas, La Estafeta, el Bar Ale Frey, el viejo molino harinero de Don Avelino ligado a la familia Derrache y la histórica Escuela Río Negro, Pareditas conserva una identidad profunda, sencilla y poderosa. Pero hay algo más: Pareditas también se reconoce por su aroma. San Carlos es tierra de aromáticas, y el orégano se convirtió en uno de sus grandes emblemas productivos. Sus surcos verdes cuentan una historia de esfuerzo familiar, cosechas, tradición y orgullo local. Hoy, el Orégano de San Carlos posee Indicación Geográfica, un sello que confirma lo que la gente del lugar siempre supo: esta tierra tiene un sabor propio. Y hacia la montaña, la majestuosa Laguna del Diamante completa el espíritu del distrito: agua de deshielo, paisaje volcánico, guanacos, altura y una belleza natural que parece custodiar el alma del sur mendocino. Pareditas es historia viva, paisaje abierto, raíz rural y aroma de identidad. Un rincón sancarlino donde Mendoza no solo se mira: también se recuerda, se trabaja y se siente. #Pareditas #SanCarlos #ValleDeUco #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaMendocina #Ruta40 #Ruta143 #OréganoDeSanCarlos #LagunaDelDiamante #PatrimonioMendocino #CulturaMendocina #MendozaArgentina #ArgentineHistory #ArgentineHeritage #RuralHistory #Oregano #TravelMendoza
martes, 16 de junio de 2026
CHILECITO: EL PUEBLO SANCARLINO QUE GUARDA UNA HISTORIA MÁS GRANDE DE LO QUE IMAGINÁS - MENDOZA
Chilecito, San Carlos, Mendoza. Un rincón del Valle de Uco donde la historia se respira entre calles arboladas, antiguas casonas, acequias, caminos tranquilos y memoria viva. Conocido como “el pueblo que pudo ser Villa Cabecera”, Chilecito aparece como uno de los lugares más antiguos y cargados de identidad dentro del departamento de San Carlos. Su crecimiento estuvo ligado al movimiento de arrieros, comerciantes, familias pioneras y estancias productivas que fueron dejando huella en el paisaje rural mendocino. Entre sus referencias aparecen nombres que forman parte de la memoria local, como Don Ramón Cubillos, vinculado a una antigua estancia productiva, y familias como Farías y Aldecua, asociadas al desarrollo de la zona. También se destacan la Calle Vilches, los caminos internos, la antigua comisaría de 1858, el club, la vieja farmacia, la histórica “Casa Vieja” y el recuerdo de Don Simón Cruz Guevara, vecino ligado a la preservación de ese patrimonio. Pero Chilecito no es solo arquitectura antigua. También es territorio de raíces profundas: allí resuenan las huellas de la cultura Viluco, los hallazgos de utensilios, petroglifos y vestigios que conectan a San Carlos con un pasado indígena, colonial y rural de enorme valor. La plaza, el escudo departamental, las casonas con galerías, los corredores sombreados, los álamos, los frutales, el orégano, la lavanda y la vida tranquila del pueblo convierten a Chilecito en una postal inolvidable del sur del Valle de Uco. Un lugar pequeño en apariencia, pero inmenso en historia. Un pueblo que no solo se visita: se descubre, se escucha y se recuerda. #Chilecito, #SanCarlos, #Mendoza, #ValleDeUco, #MendozAntigua, #HistoriaDeMendoza, #PueblosDeMendoza, #PatrimonioMendocino, #CulturaViluco, #Ruta40, #MendozaRural, #TurismoMendoza, #PueblosConHistoria, #MemoriaMendocina, #SanCarlosMendoza, #MendozaArgentina, #ChilecitoMendoza, #UcoValley, #MendozaHistory, #RuralMendoza, #HistoricTowns, #ArgentinaTravel, #CulturalHeritage, #MendozaTourism
lunes, 15 de junio de 2026
1561: MENDOZA, LA CIUDAD QUE NACIÓ DEL AGUA, EL BARRO Y LA RESISTENCIA (Imagen Ilustrativa)
En 1561, una expedición llegada desde Chile, encabezada por el capitán Pedro del Castillo, fundó una pequeña ciudad al pie de la cordillera: Mendoza, Nuevo Valle de Rioja. Aquel primer asentamiento colonial no nació como una gran capital, sino como una modesta traza de 5 por 5 manzanas, organizada alrededor de una plaza: la actual Plaza Pedro del Castillo, corazón del Área Fundacional. Pero levantar una ciudad en Mendoza era mucho más que marcar calles sobre la tierra. Era sobrevivir en una región árida, de lluvias escasas, donde el agua valía tanto como la vida. Por eso, los españoles aprovecharon un conocimiento anterior y esencial: las acequias indígenas, vinculadas al mundo huarpe y a antiguos sistemas de manejo del agua. Gracias a ellas pudieron beber, cultivar huertas, regar chacras y sostener la vida cotidiana. Así, desde sus primeros años, Mendoza fue definiendo su destino: agrícola, comercial y caminera. Lejos de los grandes centros de poder, la ciudad sobrevivió por su capacidad de producir y por estar ubicada en un punto estratégico entre Buenos Aires, Santiago de Chile y Lima. Durante mucho tiempo tuvo fama de tierra pobre, aislada y difícil. Sin embargo, esa pequeña ciudad de barro, acequias y caminos terminó convirtiéndose en una de las grandes puertas de la Argentina hacia los Andes y el Pacífico. Mendoza nació humilde, pero con una fuerza silenciosa: la del agua conducida por acequias, la del trabajo en la tierra y la de un pueblo capaz de transformar el desierto en oasis. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #FundacionDeMendoza #PedroDelCastillo #AreaFundacional #PlazaPedroDelCastillo #Acequias #Huarpes #CiudadOasis #MendozaAntigua #Cuyo #HistoriaArgentina #PatrimonioHistorico #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricMendoza #WaterCulture #UrbanHistory #AndesHistory #ColonialHistory
TRES ESQUINAS: EL PUEBLO QUE NACIÓ DE UN CRUCE Y SE GANÓ SU LUGAR EN LA HISTORIA. SAN CARLOS - MENDOZA
En el corazón rural de San Carlos, Mendoza, en el extremo sur del Valle de Uco, existe un lugar donde los caminos, las familias y la memoria se encontraron para dar origen a una identidad propia: Tres Esquinas. Su nombre nació de un cruce histórico. Allí, donde el antiguo carril nacional se unía con calle La Cancha, tres grandes casonas servían como referencia en medio del campo. Desde el siglo XIX, quienes preguntaban por la zona recibían una indicación simple y poderosa: “allá, donde están las tres esquinas”. Con el tiempo, esa frase dejó de ser una señal del camino para convertirse en nombre, pertenencia y destino. Con apenas 16 km², Tres Esquinas guarda una historia de esfuerzo comunitario. Fue paraje durante décadas, pero sus vecinos no se resignaron. Golpearon puertas, juntaron firmas, defendieron su identidad y, finalmente, el 18 de diciembre de 2014, lograron ser reconocidos oficialmente como distrito. Su espíritu se resume en una palabra: autogestión. Desde 1989 administra su propia red de agua potable y desde 2005 cuenta con planta potabilizadora. En sus calles sobreviven antiguos almacenes de ramos generales, casonas, bares, la memoria de la Posta García, las escuelas Antonio Olivares y Vicente Ortiz, y el recuerdo de generaciones que crecieron entre acequias, arboledas, trabajo rural, encuentros populares y bailes inolvidables. Tres Esquinas no es solo un punto en el mapa. Es un pueblo que hizo de un cruce una bandera, de la unión vecinal una fuerza y de la memoria una forma de seguir creciendo. Tres Esquinas: donde la historia todavía camina por sus calles. #TresEsquinas #SanCarlos #Mendoza #ValleDeUco #HistoriaMendocina #MendozaAntigua #MendozAntigua #PueblosDeMendoza #CulturaMendocina #MemoriaPopular #IdentidadCuyana #Ruta40 #Argentina #MendozaHistory #ValleDeUco #RuralHeritage #ArgentineHistory #CulturalHeritage #HiddenMendoza #HistoricPlaces
sábado, 13 de junio de 2026
VILLA CHACÓN: EL PUEBLO JOVEN DE SAN CARLOS QUE NACIÓ ENTRE VIÑEDOS, RUTAS Y MEMORIA - MENDOZA
Hay lugares que no necesitan levantar la voz para contar su historia. Les alcanza con una calle arbolada, una casa antigua, una escuela abierta, una bodega silenciosa y la Cordillera mirando desde el fondo. Así aparece Villa Chacón, en San Carlos, Mendoza: un pueblo maravilloso del Valle de Uco, marcado por el trabajo rural, la cultura del vino y la memoria de quienes hicieron crecer este rincón con esfuerzo, arraigo y comunidad. Entre rutas, viñedos y viejas construcciones que todavía conservan el pulso de otros tiempos, Villa Chacón guarda una identidad profunda. Su nombre homenajea a Alfredo Chacón Amigorena, figura ligada al desarrollo sancarlino, la educación y el progreso de su tierra. Según la historia local, fue un hombre que entendió que un pueblo también se construye enseñando, abriendo caminos y dejando algo para los que vienen después. Durante años, este paraje fue uno de los corazones vitivinícolas de la zona. Por allí pasaron nombres importantes de la producción, bodegas, trabajadores, familias, cosechas y sueños. La vid no fue solo economía: fue paisaje, cultura y forma de vida. Con el paso del tiempo llegaron viviendas, escuelas, espacios comunitarios, clubes, salud, servicios, ciclovías y polideportivo. Lo que alguna vez fue un paraje fue tomando fuerza propia hasta convertirse en el séptimo distrito de San Carlos, una señal clara de su crecimiento y de la importancia de su gente. La vieja Ruta 40, los álamos custodiando las calles, paredes que parecen hablar, la Escuela Alfredo Chacón como símbolo de identidad, el cartel de Barrio Chacón y esa calma mendocina que solo tienen los pueblos con historia. Villa Chacón no es solamente un punto en el mapa. Es tierra de viñas, de memoria familiar, de trabajo compartido y de futuro. Un lugar donde San Carlos vuelve a demostrar que la grandeza de Mendoza también vive en sus pueblos pequeños. Villa Chacón, pueblo maravilloso. Corazón joven de San Carlos. Memoria viva del Valle de Uco. #VillaChacon #SanCarlos #Mendoza #ValleDeUco #HistoriaDeMendoza #PueblosDeMendoza #Ruta40 #VillaChacón #Bodegas #Vitivinicultura #MendozAntigua #IdentidadMendocina #Cuyo #Argentina #MendozaArgentina #UcoValley #HistoricMendoza #WineCountry #RuralHeritage #SmallTowns #Andes #ArgentinaTravel #MendozaHistory
lunes, 8 de junio de 2026
CERRO ACONCAGUA: EL CENTINELA DE PIEDRA QUE DOMINA LOS ANDES - PASO DE LOS CONTRABANDISTAS - MENDOZA
Entre la nieve eterna, las rocas oscuras y el silencio inmenso de la cordillera, el Cerro Aconcagua se levanta como una presencia sagrada en el oeste mendocino. Esta imagen del Paso de los Contrabandistas, dentro del Parque Provincial Aconcagua, nos devuelve una postal áspera y majestuosa de la alta montaña: un territorio donde la naturaleza parece hablar en voz baja, pero con una fuerza imposible de ignorar. Ubicado en el departamento de Las Heras, a unos 185 kilómetros de la Ciudad de Mendoza y próximo al límite con Chile, el Aconcagua es mucho más que una montaña: es el gran símbolo de los Andes argentinos. Durante décadas fue reconocido con una altura tradicional de 6.962 metros, aunque mediciones modernas del Instituto Geográfico Nacional establecieron su altura oficial en 6.960,8 metros sobre el nivel medio del mar. Aun así, su imponencia permanece intacta: es el punto más alto de América y una de las cumbres más desafiantes del planeta. El Parque Provincial Aconcagua fue creado como área protegida en 1983 y resguarda un paisaje de enorme valor natural: glaciares, vegas altoandinas, fauna y flora adaptadas al frío, la aridez y los vientos extremos. También conserva una memoria arqueológica profunda, ya que la zona estuvo vinculada al mundo incaico y al antiguo Qhapac Ñan, el Camino del Inca. El nombre Aconcagua suele asociarse a la expresión quechua “Akon-Kahuak”, interpretada como “Centinela de Piedra”, aunque también se lo relaciona con vocablos aymaras que aluden al “Monte Nevado”. Ambas miradas parecen unirse en esta imagen: piedra y nieve, altura y misterio, historia y eternidad. Allí, en ese paisaje donde cada paso parece medir la pequeñez humana frente a la cordillera, el Aconcagua sigue vigilando Mendoza como un gigante inmóvil. No solo atrae a montañistas de todo el mundo: también guarda la memoria de antiguos caminos, viajeros, arrieros, exploradores y hombres que alguna vez cruzaron estas alturas guiados por necesidad, comercio, aventura o supervivencia. Una postal del Aconcagua no es solo una imagen de montaña. Es una invitación a mirar hacia arriba y recordar que Mendoza también tiene un corazón de piedra, nieve y cielo. #Aconcagua #Mendoza #ParqueProvincialAconcagua #PasoDeLosContrabandistas #CordilleraDeLosAndes #AltaMontaña #TechoDeAmerica #CentinelaDePiedra #HistoriaMendocina #MendozAntigua #AndesMountains #AconcaguaMountain #MendozaArgentina #MountainHistory #HighMountain #SouthAmerica #AndeanLandscape
domingo, 7 de junio de 2026
PARED OESTE DEL CERRO ACONCAGUA: LA MURALLA DEL CIELO MENDOCINO
La imagen nos devuelve una postal imponente de la Pared Oeste del cerro Aconcagua, esa mole de roca, nieve y silencio que se levanta como una fortaleza natural en plena Cordillera de los Andes. No es solo una montaña: es uno de los grandes símbolos de Mendoza y una presencia que domina el horizonte con una fuerza casi sagrada. Ubicado dentro del Parque Provincial Aconcagua, en el departamento de Las Heras, este coloso se encuentra sobre el corredor de la Ruta Nacional 7, a unos 185 kilómetros de la Ciudad de Mendoza. El parque protege más de 65.000 hectáreas de ambiente altoandino, con glaciares, vegas, fauna de altura y paisajes extremos que atraen a visitantes y andinistas de todo el mundo. El Aconcagua es reconocido como la montaña más alta de América y del hemisferio occidental. Si bien muchas referencias tradicionales lo señalan con 6.962 metros, el Instituto Geográfico Nacional precisó su altura oficial moderna en 6.960,8 metros sobre el nivel medio del mar, luego de mediciones geodésicas realizadas con GPS y gravimetría. La Pared Oeste está ligada a la ruta normal de ascenso, que parte desde el sector de Plaza de Mulas, uno de los campamentos base más conocidos del Aconcagua. Desde allí, generaciones de montañistas han iniciado el desafío de alcanzar la cumbre del llamado “Coloso de América”, enfrentando altura, viento, frío y una geografía que no perdona improvisaciones. Pero el Aconcagua también guarda una dimensión cultural profunda. El Gobierno de Mendoza recuerda que el cerro fue un sitio ceremonial incaico y forma parte del entorno vinculado al Qhapaq Ñan, el Camino del Inca declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Por eso, cada imagen antigua de sus paredes no muestra solamente piedra y nieve: muestra memoria, territorio, montaña y pertenencia. La Pared Oeste del Aconcagua parece detenida en el tiempo: áspera, inmensa, silenciosa. Una imagen que resume la grandeza de Mendoza y la eterna atracción que ejerce la montaña más poderosa de América. #MendozAntigua #Aconcagua #ParedOeste #CerroAconcagua #Mendoza #LasHeras #CordilleraDeLosAndes #ColosoDeAmerica #AltaMontaña #HistoriaMendocina #PatrimonioNatural #Ruta7 #PlazaDeMulas #Andinismo #Montaña #Argentina #AconcaguaMountain #MendozaArgentina #AndesMountains #HighestPeakInAmerica #MountainHistory #SouthAmerica #ClimbingHistory #NaturalHeritage
miércoles, 6 de mayo de 2026
Antes de YPF, Mendoza ya olía a petróleo: Cacheuta, Fader y la historia olvidada del oro negro cuyano
Mucho antes de que el petróleo se convirtiera en símbolo de soberanía energética, industria moderna y disputa internacional, Mendoza ya conocía el valor de sus aceites minerales, breas y asfaltos naturales. La provincia, identificada casi siempre con la vid, el vino y la montaña, también guarda una historia menos difundida: fue uno de los territorios pioneros en la búsqueda y explotación temprana de hidrocarburos en la Argentina. El conocimiento de estos recursos venía de muy lejos. Según los antecedentes históricos citados en el texto original, los huarpes ya utilizaban la brea con fines prácticos y decorativos. Durante la época hispánica, esos materiales también se emplearon para proteger embarcaciones mediante el calafateado y para impermeabilizar odres destinados al transporte de vinos y aguardientes hacia Buenos Aires. Así, antes de ser combustible moderno, el petróleo mendocino ya formaba parte de la vida productiva colonial. Entre los sitios más antiguos vinculados a estas explotaciones aparecen el Cerro de los Buitres, en San Rafael, y Agua del Corral, zona que más tarde sería conocida por las minas de Cacheuta, en Luján de Cuyo. Estudios sobre la historia geológica argentina recuerdan que, durante el siglo XIX, científicos como Alfredo Stelzner llamaron la atención sobre las manifestaciones petrolíferas de Cuyo y señalaron que las vertientes de petróleo de Mendoza merecían una investigación más profunda. El gran salto llegó en 1886, cuando se constituyó la Compañía Mendocina de Petróleo, impulsada por Carlos Fader, padre del pintor Fernando Fader, e integrada por figuras como Guillermo White, Emilio Civit, Francisco Civit y José V. Zapata. La investigación especializada destaca que esta empresa fue la primera del país en aplicar criterios científicos a la exploración petrolera. Para ello contrató al geólogo Rodolfo Zuber, quien realizó estudios de campo y ayudó a ubicar perforaciones en Cacheuta. Entre 1887 y 1890, la compañía perforó numerosos pozos, algunos con resultados importantes. Uno de ellos llegó a ser surgente, y el petróleo mendocino fue analizado en Europa, donde se destacó su calidad. La empresa construyó además un oleoducto de 35 kilómetros desde Cacheuta hasta Godoy Cruz, instaló tanques de almacenamiento y proyectó una refinería. En sus años de actividad llegó a perforar aproximadamente 30 pozos y produjo alrededor de 8.000 metros cúbicos de petróleo, equivalentes a unos ocho millones de litros. Pero aquella primera aventura petrolera no logró consolidarse. Las dificultades técnicas, los problemas de transporte, la caída del rendimiento de los pozos, la falta de infraestructura y las tensiones financieras terminaron paralizando los trabajos. Hacia fines del siglo XIX, Cacheuta volvía a quedar en suspenso, como una promesa energética adelantada a su tiempo. A comienzos del siglo XX surgieron nuevos intentos. En el sur mendocino, especialmente en la zona de El Sosneado, Cerro de los Buitres y Cerro Alquitrán, se realizaron perforaciones entre 1908 y 1913. Algunas dieron resultados productivos, pero el inicio de la Primera Guerra Mundial frenó las actividades. La misma fuente académica señala que en El Sosneado, la compañía “El Petróleo Argentino” de San Rafael perforó nueve pozos, tres de ellos productivos, hasta que el conflicto mundial interrumpió la continuidad de las tareas. También hubo intentos de capital extranjero. En 1909, en Londres, se formó The Argentine Western Petroleum Syndicate para reactivar áreas de la antigua Compañía Mendocina, aunque sus perforaciones no dieron los resultados esperados y cesó sus actividades en 1911. Luego actuó The Cacheuta Oil Syndicate, que obtuvo resultados favorables en una perforación más al sur, pero los problemas financieros provocados por la guerra hicieron que, desde 1914, Cacheuta quedara prácticamente sin actividad durante años. Todo esto ocurría mientras el mundo cambiaba a gran velocidad. La guerra, el avance de los motores de combustión interna, los automóviles, los camiones, los buques modernos y la competencia entre potencias transformaron al petróleo en un recurso estratégico. Ya no era solo una curiosidad mineral ni un material para impermeabilizar: era energía, transporte, industria, defensa y poder. Esa nueva realidad preparó el terreno para una etapa decisiva. En 1922, durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, el Estado argentino creó la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, un hito fundamental en la historia energética nacional. Luego, bajo la conducción de Enrique Mosconi, YPF impulsó una visión donde el petróleo se convirtió en asunto de soberanía, desarrollo e interés público. Por eso, la historia petrolera mendocina hasta 1918 no debe verse como un episodio menor. Es la historia de una provincia que, antes de ser pensada como territorio petrolero moderno, ya había visto surgir breas, asfaltos, pozos, oleoductos, empresas pioneras, capitales extranjeros, científicos, técnicos y empresarios que intentaron abrir un camino difícil. Mendoza fue vino, montaña y oasis. Pero también fue petróleo temprano, exploración audaz y una promesa energética que se adelantó a su época. En Cacheuta, San Rafael y el sur provincial quedó escrita una página poco recordada de la Argentina profunda: la del oro negro que empezó a asomar mucho antes de que el país comprendiera todo su valor. #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #PetróleoEnMendoza #Cacheuta #CarlosFader #OroNegro #YPF #HistoriaArgentina #IndustriaPetrolera #SanRafaelMendoza #LujánDeCuyo #AguaDelCorral #CerroDeLosBuitres #HistoriaEnergética #PatrimonioIndustrial #MendozaHistory #ArgentineHistory #OilHistory #PetroleumHistory #EnergyHistory #IndustrialHeritage #CacheutaHistory #BlackGold #ArgentinaEnergy #HistoricalMemory. (https://bdigital.uncu.edu.ar/)
jueves, 23 de abril de 2026
Chacras de Coria: cómo el agua, el vino y el avance urbano transformaron para siempre su paisaje e identidad
En Chacras de Coria, el aprovechamiento del agua no solo modeló el territorio: también hizo posible, desde tiempos muy tempranos, el desarrollo económico de sus habitantes y la formación de un conjunto de bienes materiales e inmateriales que todavía hoy sostienen buena parte de su identidad. La Guía de Bienes Patrimoniales de Chacras de Coria. Un paisaje con identidad, elaborada desde la UNCuyo, destaca justamente que el recurso hídrico fue decisivo en la configuración del paisaje cultural local y que hacia fines del siglo XVII la ampliación del oasis de riego asociado al zanjón, hoy ligado al sistema del Cacique Guaymallén, permitió pasar de un esquema huarpe de subsistencia a otro de autoabastecimiento y de intercambio con Chile. En ese proceso crecieron los alfalfares para engorde de ganado, los cultivos de trigo y maíz, y también los viñedos y olivares. A partir de la década de 1830, ese mundo productivo se enriqueció con la instalación de molinos harineros accionados por la fuerza hidráulica del canal Cacique Guaymallén. El desarrollo de la ganadería y de los cereales favoreció la aparición de esta actividad, y aunque hoy quedan pocos testimonios materiales, la memoria patrimonial todavía recuerda molinos en el área de estudio, entre ellos los de Ortiz y Godoy sobre la margen izquierda y el molino Reynaud en la margen derecha. Así, el paisaje de Chacras de Coria no fue solo vitivinícola: durante mucho tiempo combinó agua, forraje, cereales, ganado y molienda, formando un entramado económico mucho más diverso de lo que suele imaginarse. Ese modelo ganadero-molinero se mantuvo hasta aproximadamente la década de 1870, mientras la vitivinicultura abastecía sobre todo al mercado local y una parte del regional. Luego, varios factores —entre ellos la pérdida de rentabilidad del negocio ganadero— empujaron a concentrar los esfuerzos en un viejo cultivo ya conocido: el viñedo. Con la incorporación de la Argentina al mercado internacional, la llegada del ferrocarril y el impacto de la inmigración, el territorio y las formas de vida comenzaron a cambiar de manera profunda. La elaboración tradicional del vino dio paso a formas modernas de producción y se consolidó un nuevo patrón de crecimiento: el de la agroindustria vitivinícola, que transformó el paisaje construido y desplazó progresivamente el antiguo paisaje protoindustrial agrícola hacia otro de industrialización del vino. Con el correr del tiempo, Chacras de Coria reforzó además su papel como lugar de veraneo y de descanso de fin de semana, para más tarde transformarse en un espacio de residencia permanente. Ese cambio se aceleró de manera decisiva desde la década de 1990, cuando la proliferación de barrios privados y urbanizaciones de baja densidad comenzó a alterar con fuerza el carácter del paisaje. Investigaciones del INCIHUSA-CONICET sobre el paisaje vitivinícola del Área Metropolitana de Mendoza señalan que, desde entonces, la metropolización y el cambio de uso del suelo destruyeron progresivamente superficies agrícolas y modificaron de forma vertiginosa el paisaje tradicional de zonas como Chacras de Coria y Vistalba. A las crisis sucesivas de la vitivinicultura durante el siglo XX se sumó así otro actor decisivo: el negocio inmobiliario. La erradicación y el abandono de viñedos dieron paso a nuevos núcleos habitacionales que, en muchos casos, se implantaron sin un plan ordenador previo, alterando de manera definitiva la fisonomía del distrito. En otras palabras, el paisaje de Chacras dejó de estar organizado principalmente por la lógica agrícola y pasó a ser tensionado por la presión urbana, un fenómeno que hoy forma parte central de los debates patrimoniales y territoriales sobre el área. Por otra parte, desde alrededor de 1940, las inmediaciones del canal Cacique Guaymallén y de calle Besares comenzaron a concentrar un pequeño polo industrial. Allí se instalaron establecimientos como Carbometal, la fábrica de fibrocemento REALIT S.A., la usina hidroeléctrica Pablo Casale / Electra, además de otras plantas químicas e industriales que marcaron una nueva etapa en la evolución económica del distrito. La guía patrimonial de Chacras destaca que varias de estas instalaciones quedaron luego inmersas en la trama urbana: algunas conservaron funciones semejantes, otras cambiaron de uso y varias entraron en abandono, convirtiéndose también en parte del patrimonio industrial y de la memoria del lugar. Vista en conjunto, la historia de Chacras de Coria muestra un recorrido tan fascinante como complejo: del agua huarpe al oasis de riego, de los alfalfares y molinos a la vitivinicultura industrial, del pueblo de fin de semana al suburbio residencial y al avance del mercado inmobiliario. Por eso, hablar de Chacras no es solo hablar de un barrio atractivo o de un rincón tradicional de Mendoza: es hablar de un paisaje cultural construido durante siglos por el agua, el trabajo, la producción, la memoria y las tensiones del crecimiento urbano. #ChacrasDeCoria #Mendoza #PaisajeCultural #PatrimonioMendocino #CanalCaciqueGuaymallén #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #AguaYTerritorio #PatrimonioIndustrial #MemoriaDelPaisaje #ChacrasDeCoria #CulturalLandscape #MendozaHistory #WineHeritage #WaterAndTerritory #BuiltHeritage #UrbanTransformation #IndustrialHeritage (fuente: https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/16796/chacrasdecoria-guiadebienespatrimoniales.pdf)
Cómo los concursos y la investigación transformaron para siempre la arquitectura en Mendoza
Las transformaciones en la práctica liberal de la arquitectura en Mendoza durante la segunda mitad del siglo XX no pueden entenderse sin dos procesos decisivos: la consolidación de las sociedades profesionales y el crecimiento de la investigación científica. El impulso a los Concursos de Arquitectura, tanto para obras públicas como privadas, venía gestándose desde comienzos del siglo XX en la Sociedad Central de Arquitectos, que ya desde 1904 difundía llamados entre sus asociados y organizaba reglamentos para ordenar el sistema. Con el paso del tiempo, ese modelo se extendió por el país y quedó respaldado por entidades profesionales y por la Federación Argentina de Entidades de Arquitectos (FADEA), cuya normativa fijó criterios de jurisdicción, participación, jurados, premios y garantías del proceso. En Mendoza, esta dinámica supuso algo más que convocar proyectos: implicó crear normas, designar jurados y asesores y construir una cultura profesional capaz de regular la labor del arquitecto en el diseño y la ejecución de obras. Esa tarea fue asumida primero por la Sociedad de Arquitectos de Mendoza y luego por el Colegio de Arquitectos de Mendoza, instituciones que ayudaron a profesionalizar el campo disciplinar local. Desde alrededor de 1960, además, comenzó a volverse cada vez más habitual la asociación entre arquitectos —o entre arquitectos e ingenieros— en estudios profesionales, una forma de trabajo que terminó siendo representativa del ejercicio de la profesión en la provincia durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX. La multiplicación de concursos fue una de las razones centrales de esas alianzas: algunas surgieron para encargos puntuales; otras se consolidaron y perduraron durante décadas. Estas asociaciones potenciaron notablemente la profesión, porque permitieron reunir especialistas con experiencias y saberes distintos para responder a programas cada vez más complejos. Muchos de esos estudios se destacaron en concursos regionales, nacionales e internacionales, y varios de sus miembros integraron también cuerpos de jurados organizados por la SAM o el CAM. Entre los equipos ganadores de concursos organizados entre las décadas del sesenta y del ochenta pueden mencionarse, entre otros, los del Palacio Policial (1966, Raúl Panelo Gelly, Rodolfo Sardi y Miguel Rosso, construido), la Municipalidad de Mendoza (1965, Gilberto Olguín, Simón Lacerna y Raúl Maroi, construido), el Banco de Previsión Social, sede central (1969, Gilberto Olguín y Raúl Maroi, construido), la Dirección Provincial de Vialidad (1971, Grupo 10), el Consejo Profesional de Ingenieros y Colegio de Arquitectos (1971, Carlos Caporalini y Carlos Gainza, construido), el Banco Nacional de Desarrollo, sucursal Mendoza (1972, Grupo 10), el Banco Unión Comercial e Industrial, sede central (1973, Grupo 10, construido), el Banco de Previsión Social, sucursal Guaymallén (1975, Grupo 10, construido), el Centro de Prensa para el Mundial 78 (1977, Simón Lacerna, Miguel Rosso y Julio Díaz Valentín, construido), la sede social del Club de Campo Mendoza (1977, Grupo 10, construido), la Alianza Francesa (1983, Grupo 10, construido), las torres de departamentos, locales comerciales y cocheras de Amaro S.A. (1980, Grupo 10) y el edificio de departamentos Lomas Blancas, en Los Penitentes (1984, Grupo 10, construido). Pero la evolución del campo arquitectónico mendocino no pasó solo por el ejercicio profesional. Otra irrupción clave fue la de la investigación. En Mendoza, el CRICYT comenzó a tomar forma con el anuncio oficial de su creación el 2 de octubre de 1972, y su convenio constitutivo fue firmado el 22 de marzo de 1973 por el CONICET, la Universidad Nacional de Cuyo y el Gobierno provincial. Allí encontró un nuevo espacio Enrico Tedeschi tras su salida de la FAU-UM, y desde ese ámbito impulsó el desarrollo del Laboratorio de Ambiente Humano y Vivienda (LAHVI). Aquel grupo se concentró en temas decisivos para la región: la arquitectura en zonas áridas, el aprovechamiento de la energía solar y la asismicidad de las construcciones. Entre sus primeros integrantes estuvieron los arquitectos Carlos de Rosa, Esteban Fernández y Rodolfo Vilapriño. Desde la década de 1980 se incorporaron al CRICYT otros arquitectos que comenzaron a trabajar sobre Historia, Territorio y Patrimonio Cultural de Mendoza. Esa ampliación de temas fue decisiva: la arquitectura dejó de pensarse solo desde la estética urbana o la obra nueva y empezó a incluir con más fuerza la valoración patrimonial, la defensa de edificios y sitios significativos, y la incorporación de la historia de la arquitectura como parte del propio proceso de diseño. En otras palabras, la ciudad, el paisaje y la memoria comenzaron a volverse problemas centrales para un número creciente de profesionales. En el plano formativo, otro hito llegó en 1992 con la creación del Instituto de Cultura Arquitectónica y Urbana (ICAU) dentro de la FAU-UM, por Resolución Nº 473 del 26 de agosto de 1992. Su directora fundadora, Eliana Bórmida, impulsó allí numerosas líneas de investigación con participación de docentes y alumnos. La propia Universidad de Mendoza destaca que el ICAU nació para dar marco científico a trabajos que ya venían desarrollándose desde las cátedras de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo, y que desde mediados de los años ochenta esos equipos ya publicaban estudios sobre el patrimonio de Mendoza y de la región de Cuyo. Entre las líneas que se afianzaron en ese ámbito estuvieron el urbanismo en zonas áridas, el patrimonio del vino, la arquitectura de la inmigración italiana y la valoración de los paisajes culturales de la región andina. En definitiva, a lo largo del siglo XX se fue tejiendo en Mendoza una red de vínculos entre agencias estatales, asociaciones profesionales e instituciones educativas que resultó fundamental para la arquitectura pública, la arquitectura privada y la consolidación del campo profesional local. En ese entramado se hicieron visibles trayectorias destacadas, se fortalecieron oficinas técnicas estatales, se consolidaron estudios profesionales competitivos y comenzaron a formarse generaciones de investigadores ligados a la historia de la arquitectura mendocina, la preservación del patrimonio y la arquitectura bioclimática. Por eso, más que un proceso aislado, la arquitectura en Mendoza debe leerse como el resultado de una construcción colectiva, compleja y sostenida, que fue ganando peso en la escena nacional e internacional. #ArquitecturaEnMendoza #HistoriaDeLaArquitectura #ConcursosDeArquitectura #PatrimonioMendocino #CRICYT #ICAU #ElianaBormida #ArquitecturaBioclimática #PatrimonioDelVino #MendozaArquitectónica #ArchitectureInMendoza #ArchitecturalHistory #ArchitectureCompetitions #BuiltHeritage #BioclimaticArchitecture #WineHeritage #UrbanHistory. (fuente: file:///C:/Users/eduar/Downloads/raffa-arquitectosenmendoza.pdf)
miércoles, 15 de abril de 2026
La Payunia, el reino de fuego escondido en Malargüe: el paisaje volcánico que asombra al mundo. Mendoza, Argentina
La Payunia, en el sur de Mendoza, es uno de los territorios volcánicos más extraordinarios del planeta y, según la difusión oficial de la provincia, la región con mayor densidad de volcanes del mundo, con un promedio de 10,6 volcanes cada 100 km². Esta reserva natural se ubica en el departamento de Malargüe, a unos 570 kilómetros de la ciudad de Mendoza, y reúne un paisaje impactante dominado por tonos negros y rojizos, producto de la enorme cantidad de materiales volcánicos que cubren planicies, laderas y campos de lava. Por su singularidad geológica y escénica, gran parte del área integra además un sitio propuesto ante la UNESCO como candidato a Patrimonio Mundial Natural. La reserva —también conocida como Payún o Payén— es mucho más que un gran campo volcánico: representa uno de los paisajes más valiosos de la estepa patagónica mendocina y combina interés turístico, científico, ambiental y educativo. Allí se contabilizan más de 800 volcanes, con presencia de distintos tipos de edificios volcánicos, entre ellos conos, calderas y escudos. El más imponente es el Payún Matrú, un estratovolcán que alcanza unos 3.715 metros de altura y que, según la presentación ante la UNESCO, posee una gran caldera de 8 kilómetros de diámetro; junto a él sobresale también el Payún Liso, otra de las cumbres emblemáticas del área. El suelo de La Payunia conserva por todas partes las huellas de su origen eruptivo: cenizas, lapilli, coladas de lava y bombas volcánicas forman parte del terreno, por lo que el tránsito debe hacerse con precaución y siempre respetando las indicaciones del área protegida. El visitante se encuentra con pampas negras, lomas rojizas y vastas extensiones donde la geología parece dominarlo todo. Aun así, la vida se abre paso con fuerza: fuentes oficiales destacan allí una de las mayores concentraciones de guanacos del centro-oeste argentino, con registros de más de 11.000 ejemplares en la propuesta ante UNESCO y menciones provinciales a una población superior a 14.000. También aparecen especies vegetales adaptadas a este ambiente extremo, como el solupe negro, la pichanilla, la melosa, jarillas y diversos pastos de altura. Desde el punto de vista territorial, La Payunia suele describirse en tres grandes sectores. El sector norte o septentrional ocupa una porción menor del conjunto y presenta manifestaciones volcánicas más antiguas. El sector central, el más extenso y representativo, concentra dos campos volcánicos principales: Llancanelo, con unos 10.700 km² y alrededor de 200 centros eruptivos, y Payún Matrú, con cerca de 5.200 km², abundantes conos basálticos y los grandes volcanes compuestos del área. Entre ambos se han identificado alrededor de 827 conos volcánicos. Hacia el sur, el sistema se prolonga hasta incluir el escudo basáltico de Auca Mahuida, ya en el norte neuquino. La llegada a la reserva ya funciona como una experiencia en sí misma. El acceso se realiza primero por la Ruta Nacional 40 y luego por la Ruta Provincial 186, atravesando un camino donde se multiplican las señales del vulcanismo: arenales oscuros formados por lava fragmentada, rocas expulsadas desde antiguos cráteres y extensiones casi negras que sólo contrastan con algunos coirones amarillos. Para ingresar y recorrer el área se recomienda circular únicamente por senderos habilitados, registrarse con los guardaparques, no fumar, no arrojar residuos y no desviarse de las trazas autorizadas. Además, para alcanzar sectores internos o puntos culminantes del campo volcánico suele requerirse la compañía de un guía habilitado, ya que buena parte del interior no está señalizado. El nombre también guarda una historia propia. La forma “Payunia” deriva de Payén, voz vinculada al mundo pehuenche y mapuche. Distintas interpretaciones lo relacionan con un “lugar donde hay cobre”, mientras que en la tradición lingüística mapuche Payén y Payún también han sido asociados con la idea de “barba”; de allí que Payún Matrú haya sido interpretado como “barba de chivo”. En el uso más extendido, Payén quedó asociado al macizo y Payún a sus volcanes, mientras que pillán es una antigua voz mapuche vinculada al volcán o a la potencia sagrada del fuego interior. En definitiva, La Payunia no es solo un destino turístico notable: es uno de los grandes santuarios geológicos de la Argentina, un territorio donde Mendoza exhibe una de sus maravillas naturales más poderosas y singulares. #LaPayunia #Payunia #PayúnMatrú #Malargüe #Mendoza #Volcanes #ReservaNatural #PatrimonioNatural #PatrimonioMundial #EstepaPatagónica #TurismoMendoza #Geología #NaturalezaArgentina #Volcanoes #VolcanicLandscape #NaturalHeritage #PatagoniaSteppe #MendozaArgentina #UNESCO #AdventureTravel #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD
Cuando el agua dibujó Chacras de Coria: la trama urbana que nació entre acequias, ríos secos y viñedos. Mendoza, Argentina (Imagen Ilustrativa)
La historia urbana de Chacras de Coria no puede entenderse sin el agua. Allí convivieron, desde temprano, dos sistemas hídricos que modelaron el territorio y condicionaron la implantación del poblado: por un lado, el sistema natural de las aguas salvajes, compuesto por ríos temporarios y cauces secos; por otro, el sistema cultural de las aguas conducidas, organizado en canales, hijuelas y acequias. Ambos, con recorridos en gran medida paralelos, dejaron su huella sobre el trazado de la villa y terminaron definiendo buena parte de su forma urbana. La bibliografía patrimonial reciente sobre Chacras de Coria subraya justamente que ese paisaje fue el resultado del cruce entre naturaleza, riego y ocupación humana, y recuerda además que la zona era conocida en tiempos prehispánicos como el Valle de Lanyeni. Los antiguos ríos secos, que concentraban las tormentas estivales y corrían de oeste a este, atravesaban estas tierras antes de ser incorporados progresivamente al sistema vial. Algunos ejemplos de esos cauces temporarios son los que más tarde se asociaron con las actuales calles Almirante Brown, Pueyrredón, Larrea, Liniers y Besares, o con el sector del hoy llamado río seco Viamonte, vinculado al eje de Malvinas y Piedras. Con el avance urbano y con las modificaciones introducidas por la acción humana y los cambios en los límites de las propiedades, esos cursos fueron alterándose, aunque dejaron rastros visibles. Uno de los más elocuentes es el puente de Viamonte y Larrea, que todavía funciona como una marca material de la existencia del viejo cauce y de la dirección que llevaba ese escurrimiento natural. Frente a ese sistema natural se desplegó el sistema cultural del riego, articulado por cauces principales de dirección sur-norte, de los que partía una red de acequias hacia el este siguiendo la pendiente del terreno. Entre las hijuelas más importantes sobresalieron Chacras de Coria y La Falda. La primera estuvo ligada tanto al antiguo sistema huarpe como al riego de las chacras históricas de don Coria; la segunda abasteció, entre otras propiedades, las tierras de José Benito de San Martín, quien desde 1912 convirtió ese sector en el primer parque privado de Mendoza, el parque Angélica. No es casual que, paralelos a esas hijuelas, se afirmaran también dos de los grandes ejes longitudinales de la localidad: Viamonte y Benito de San Martín, cuyas trazas heredaron, en parte, la sinuosidad de aquellos cursos de agua. Con el tiempo, ese entramado hídrico y rural ayudó a convertir a Chacras de Coria en un sitio de recreo privilegiado. Como recuerda la historiografía mendocina citada en la guía patrimonial del distrito, el suburbio agrícola al sur de la ciudad, más irrigado y fresco en verano, comenzó a perfilarse desde temprano como un lugar de paseo de fin de semana para las familias acomodadas. Ya en los inicios del siglo XX, la villa se pobló de casas de verano y residencias distinguidas, algunas próximas a la estación del Ferrocarril Trasandino y otras inmersas entre viñedos, fincas y arboledas. El diario Los Andes incluso daba cuenta de quiénes participaban de esa vida estival y social, en la que se hicieron célebres las tertulias y los encuentros musicales en jardines privados como los de la casa Seippel. La conectividad de Chacras de Coria también estuvo estrechamente vinculada al agua. En tiempos coloniales, el acceso a estas tierras dependía muchas veces de los pasos sobre los cauces secos, y el zanjón —ancho y torrentoso— resultaba difícil de cruzar. Recién hacia fines de la década de 1880 comenzó a consolidarse una conexión más firme con la calle Luján, hoy San Martín, que enlazaba la zona con la ciudad de Mendoza al norte y con Luján al sur. Más adelante, durante la primera mitad del siglo XX, la construcción de nuevos puentes sobre el canal Cacique Guaymallén mejoró la circulación vehicular, y luego la conexión por Darragueira y la apertura de la ruta Panamericana en la década de 1970 terminaron de perfilar la red vial que hoy estructura el distrito. Ese proceso de accesibilidad creciente fue decisivo en la transformación de la antigua villa de veraneo. Hacia los años 1980, Chacras de Coria ya había dejado de ser solamente un refugio estacional para convertirse en un lugar de residencia permanente, con una población estable, vida tranquila, calles arboladas y un entorno todavía rodeado de fincas, viñedos y frutales. Por eso, la trama urbana de la localidad no nació como una cuadrícula impuesta sobre un espacio vacío: surgió de la superposición de cursos de agua, caminos rurales, acequias, puentes y tierras cultivadas. En otras palabras, Chacras de Coria fue una villa donde el paisaje agrario, el sistema hídrico y la urbanización crecieron juntos, dejando una identidad territorial singular que todavía puede leerse en sus calles y en su memoria. #ChacrasDeCoria #MendozaHistórica #HistoriaDeMendoza #PaisajeAgrario #Acequias #PatrimonioMendocino #Riego #FerrocarrilTrasandino #VillaDeVeraneo #UrbanismoHistórico #HistoricMendoza #AgrarianLandscape #WaterHeritage #UrbanHistory #IrrigationCulture #CulturalLandscape #MendozaArgentina #Heritage #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD
sábado, 11 de abril de 2026
De las chacras de Don Coria a la villa que enamoró a Mendoza: la historia del paisaje que dio origen a Chacras de Coria (Imagen Ilustrativa)
Las chacras de los Coria forman parte del origen profundo de uno de los paisajes más emblemáticos de Mendoza. Desde la segunda mitad del siglo XVI, la llegada de los conquistadores españoles modificó de manera decisiva la relación entre sociedad y naturaleza en este oasis árido: impusieron una nueva organización productiva apoyada en la encomienda, incorporaron cultivos como cereales y frutales y sumaron herramientas de laboreo, aunque mantuvieron como base el sistema de acequias que ya utilizaban los pueblos originarios. Esa continuidad del saber hídrico indígena fue decisiva para que el territorio pudiera sostener su expansión agrícola. Hacia fines del siglo XVII y durante el XVIII, la red de riego se amplió con nuevos cauces y tomas. En ese entramado aparece la Toma de Coria, vinculada a la actual hijuela de Chacras de Coria, mientras que la llamada Toma de los Españoles, levantada sobre una antigua toma indígena o “del Inca”, quedó como una de las primeras grandes obras hidráulicas del río Mendoza. Las fuentes consultadas la ubican en la década de 1780, con referencias que la fechan entre 1785 y 1788, lo que muestra la persistencia y también la complejidad de la historia hídrica mendocina. Las chacras propiamente dichas nacieron a partir de una Merced Real otorgada a Juan Hilario de Coria y Bohórquez, quien estableció allí una encomienda y promovió un sistema de regadío que convirtió tierras secas en un espacio productivo. Aquellos predios, conocidos como “Las Chacras de Don Coria”, gozaban de una posición privilegiada respecto del agua, ya que se beneficiaban de una de las primeras derivaciones de la acequia de la ciudad. Con el tiempo, y bajo el sistema de mayorazgo, las heredades pasaron a manos de sus descendientes y alcanzaron gran desarrollo, con viñas, alfalfares, cereales, frutales, ganadería y una infraestructura que incluía bodega, vasijas, carretas, bueyes y mulas. En su momento de mayor expansión, estas tierras llegaban desde el zanjón hasta los cerros del oeste y desde el río Mendoza hasta sectores de la actual Godoy Cruz. Pero ese esplendor no fue eterno. A mediados del siglo XVIII, las deudas contraídas con los mercedarios terminaron en la ejecución de parte de las propiedades y dieron origen a la Chacarilla de la Merced, en la zona de La Puntilla, donde hubo casa, capilla, escuela de primeras letras, lagares y bodega para producir vino y aguardiente. Después llegaron nuevas subdivisiones, ventas y aperturas de caminos, en un proceso que transformó lentamente la gran chacra original en un tejido más fragmentado. Para la época de la Revolución de Mayo, la zona ya tenía alrededor de 180 habitantes y unas 30 casas, y más tarde la llegada del ferrocarril —fundamental para el desarrollo local— ayudó a convertir aquel antiguo caserío rural en una pequeña villa cada vez más ligada al descanso estival y al crecimiento de Luján de Cuyo. Así nació el paisaje histórico de Chacras de Coria: un territorio moldeado por el agua, por el trabajo agrícola, por las herencias familiares y por las transformaciones económicas que fueron dejando huella en calles, acequias, fincas y memorias. Detrás del nombre actual sigue latiendo aquella historia original: la de las viejas chacras de Don Coria, nacidas en un oasis trabajado durante siglos hasta convertirse en uno de los rincones con mayor identidad de Mendoza. #ChacrasDeCoria #HistoriaDeMendoza #LujanDeCuyo #LasChacrasDeDonCoria #Acequias #PatrimonioMendocino #HistoriaRegional #PaisajeCultural #MendozaAntigua #MemoriaHistórica #ChacrasDeCoriaHistory #MendozaHistory #CulturalLandscape #WaterHeritage #HistoricMendoza #Heritage #ArgentineHistory #HistoryLovers #VintageMendoza #CulturalMemory #History, #HistoryLovers, #HistoryFacts, #HistoryBuff, #Historical, #HistoricalPhotography, #HistoricalImages, #HistoricalPhotos, #Vintage, #VintageStyle, #VintagePhoto, #VintagePhotography, #Retro, #OldPhotos, #OldPicture, #Archive, #Archives, #PhotoArchive, #BlackAndWhitePhotography, #Photography





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